En presencia y en la ausencia

Hoy, sé que cuando hablamos de amor, hablamos de todo lo que existe, aún sin creer en uno o 10 dioses. Hace unos días leí una frase que decía más o menos así: “El amor se ha de poner más en las obras que en las palabras” y lo encuentro tan cercano, tan real a lo que creo y siento.

En la formación académica, en la vida misma, la familia, o en la sociedad, se nos habla de participar, de estar y sí, cada vez más es más normal ver a personas sumarse a iniciativas, a propuestas, a proyectos con la intención de transformar realidades próximas, cercanas. Nos dicen que las generaciones jóvenes no participamos, la realidad es que sí lo hacemos, pero las formas han cambiado incluso para todos, para jóvenes y adultos. Hoy conocemos una nueva forma de estar para los demás, a través de la participación digital, esa que de repente no se explica cómo el estar detrás de una computadora o un teléfono puede generar cambios, logra transformaciones reales, vigentes y relevantes para comunidades o grupos de personas vulnerables, ellas necesitan voces que les hagan eco, que les acompañe, pues entendemos que juntos somos fuertes pero más sensibles, sensibles a las necesidades y a las causas.

Hoy, sé que puedo donar y puedo ser parte de la construcción de algo que es un todo para otras personas.

Pero también entiendo que la vida no nos da para estar en cuerpo y alma en todo, pues sé lo que implica estar al frente de un proyecto, compromiso, responsabilidad, sensibilidad. Recientemente conocí un proyecto que me motivó a poner un pedacito de mi a través de una aportación económica. Una cosa me llevó a la otra y en una plática entre amigos de la universidad conocí “Mi Ofrenda” una plataforma que de entrada transparenta la llegada de los recursos económicos a quien lo necesite.

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Historias de generosidad

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