Nuestro destino es el amor

Solemos preguntarnos sobre nuestros orígenes, y deseosos de respuestas que parecen imposibles de hallar, nos encontramos que venimos del amor, y que aunque nuestros caminos son diferentes, nuestro destino es el mismo.

En el caminar de todos los días nos reconocemos como peregrinos y peregrinas, hemos aprendido a abrazar al mundo con nuestras acciones, nos disponemos a decidir diferente, a reconocer que Dios además de estar en las palabras, está en lo que hacemos.

Que si hablamos de Dios, es poner en práctica las enseñanzas de amor de Jesús, entender que uno pone y Dios dispone pero que lo que hagamos o dejemos de hacer en vida nos corresponde a nosotros, quienes somos Iglesia, y somos Iglesia quienes piden por los demás, quienes al observar las necesidades de nuestro entorno nos acercamos para poner la mano y no para estirarla, quienes ponemos ofrendas por amor y voluntad porque reconocemos que no somos ajenos, que de dónde venimos tenemos el ejemplo del amor.

Entender que uno pone y Dios dispone pero que lo que hagamos o dejemos de hacer en vida nos corresponde a nosotros, quienes somos iglesia.

Su enseñanza me lleva a elegirte a ti, a ti que me hablas con la fuerza de la palabra, que me recuerdas de dónde venimos y para dónde vamos. Cada día me pregunto ¿qué he hecho yo por ti? Y hoy pongo mi ofrenda porque cuando te escucho o me acompañas me haces más libre, me haces fuerte, me haces sentir más humano.

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