Si es posible dar, es posible recibir

Yo, como consagrada, veo que en el camino que hemos construido, hemos aprendido a dar, pero nos hemos limitado a recibir. Nos repetimos constantemente “en todo amar y servir”, porque es nuestra misión, él nos llamó, y nos volvimos peregrinos de la enseñanza del amor, de la esperanza.

Pero en este andar también nos hemos encontrado con el amor de frente, con quien nos ha tendido la mano sin pedirlo, construyen puentes de solidaridad a través de sus ofrendas voluntarias, reconociéndose como parte de una Iglesia cercana a las indignantes realidades que se viven en México.

Hoy, como en cada encuentro con Dios y con María, agradezco la nobleza de esos corazones que se han sumado al llamado de Jesús, quienes son también peregrinos de la fe, del cambio en la tierra y de la esperanza puesta en acción.

Se dice que vivimos tiempos difíciles, que las personas no cambian y que cada vez queremos dar menos de nosotros mismos a los demás.

Yo, he visto lo contrario sobre la manera en que nos volvemos parte de una comunidad, si bien los problemas no son menores, las personas buscamos estar más de cerca a la idea de cambio, se vuelven parte de una realidad que sin necesidad de ser la suya, la asumen y la transforman, le dan rumbo a la humanidad, pues reconocemos que en lo pequeño y lo local nos encontramos a otros sirviendo.

En mi comunidad y en el servicio que hacemos, eso es la fe puesta en acción, llegamos a las personas, aprendemos a dar y a recibir, y eso, es una ofrenda de amor.

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Historias de generosidad

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